''Ser moderno'', tener una ''vida moderna'' y disfrutar de ''la modernidad'' fueron aspiraciones arraigadas entre las crecientes clases medias y altas hacia la segunda mitad del siglo XX. En gran medida ser ''moderno'' significaba tener y usar objetos materiales: desde una casa propia (con servicios de alumbrado electrico e instalaciones hidraulicas), un coche, una camara portatil o diversos aparatos electrodomesticos, hasta los articulos para la belleza, unas medidas de nylon o, incluso, la nueva comida procesada, nelatada o en polvo. En este sentido, los medios de comunicacion masiva (prensa, radio, cine y television) difundieron la idea de una modernidad alcanzable gracias al consumo.
La publicidad insisitia completamente en las virtudes de la vida moderna y la imagen del ''hogar ideal'', compuesto por articulos modernos y una mujer sonriente, elegante y eficiente se imponia en cada uno de los anuncios. Poco a poco, las viviendas de las crecientes clases medias comenzaron a poblarse de baterias, refractarios de vidrio, hornos portatiles, moldes de aluminio, tostadores hermeticos para hacer sandwiches, planchas electricas, licuadoras y aspidoras.
